¿Por qué nos manifestamos?
Termina ahora una legislatura de gobierno iniciada con la aprobación del Estatuto del Personal Investigador que deja sin protección social a miles de investigadores. Una vez más hemos asistido a una legislatura donde la política científica de parche o de escaparate ha tenido el papel principal. Es el momento de denunciar públicamente que por encima de la propaganda institucional del Gobierno, la realidad del día a día sigue estando basada en un modelo obsoleto y precario que nos va a llevar sin lugar a dudas a perder el tren de la innovación y el desarrollo. Estas son las razones para protestar:
Por promover la investigación en precario
El Gobierno no ha aplicado las recomendaciones del Consejo en la CARTA EUROPEA del INVESTIGADOR y el CÓDIGO DE CONDUCTA para la Contratación de Investigadores. Se sigue basando la investigación en un modelo de becas y sigue existiendo investigadores sin ningún tipo de protección social ni laboral.
Por una política de inversión que olvida los Recursos Humanos
La falta de un compromiso con el aumento definitivo en INVERSIÓN lleva a planteamientos irreales en los Presupuestos Generales del Estado y nos aleja de las posiciones de los países europeos de nuestro entorno. La falta de planificación en la inversión, que no centra el esfuerzo en los recursos humanos, da como resultado unas condiciones y un entorno que obligan a los investigadores a tener que trabajar en el
exilio.
Por la inexistente CARRERA INVESTIGADORA
La mayor parte de estos problemas tienen su origen en la falta de previsión de necesidades del sistema I+D y en la inexistencia de una CARRERA INVESTIGADORA. Es necesario estructurar una CARRERA INVESTIGADORA articulada en etapas sucesivas, basada en los méritos adquiridos y en una evaluación externa objetiva que ponga fin a los huecos que existen entre una fase y otra ligados a los largos períodos sin remuneración que existen en la actualidad.
Por la necesidad de un PACTO NACIONAL por la Ciencia
La planificación científica a largo plazo debe ser fruto de un GRAN ACUERDO POR LA CIENCIA Y LA INVESTIGACIÓN basado en criterios científicos y no en el oportunismo político expuesta permanentemente a las decisiones del Gobierno de turno.
Como cabía esperar, ni una sola universidad se ha adherido a la manifestación. Total, el personal investigador en formación sólo es quien saca adelante más de la mitad de la investigación española. No el menor sentido apoyar sus reclamaciones.
Pero lo que más me preocupa es la patente incapacidad de la FJI para solucionar de una vez por todas los problemas de aquellos a quienes quiere representar. ¡Si conseguir algo de Zapatero es algo muy sencillo! Veamos algunos ejemplos de éxito en reivindicaciones o solicitudes al presidente de Gobierno. Éstos nos ilustrarán de cómo la FJI debería orientar sus futuras acciones.
El caso de Araceli:Como ustedes pueden comprobar, no hace falta montar manifestaciones para ir consiguiendo los objetivos que uno se plantea. Lo que tienen que obtener los de la FJI es una reunión con Zapatero y contarle que tienen carreras, algunos varios, doctorados, idiomas, experiencia en el extranjero, publicaciones en revistas de prestigio, un contrato de mierda (y con suerte)... y, seguro, el presidente les dirá "Dadme el teléfono, que la semana que viene os he colocado a todos".
Araceli es "una almeriense de 35 años con dos carreras universitarias y traductora de cuatro idiomas que jamás ha podido encontrar trabajo por culpa de su hablar interrumpido [tartamudez]" (El Mundo, 23/10/05). Mientras el presidente de la Fundación Española de la Tartamudez iba contando esta historia, "a Zapatero se le humedecían los ojos". Y el presidente se comprometió a darle trabajo a la traductora. «Araceli, el lunes tendrás un empleo». Empezó a trabajar para una editorial.
El caso de Pepa
"Soy una mujer mayor, de 82 años; por favor, necesito un ordenador portátil porque tengo las manos que me tiemblan y quiero seguir escribiendo mis memorias" (Hoy, 15/02/08). Eso envío Pepa, una mujer extremaña de 82 años, al presidente Zapatero. Hace poco le han enviado un ordenador de sobremesa y, en breve, recibirá el portátil.
Otra opción es escribirle una carta. "Estimado presidente. No tenemos un contrato digno, no tenemos medios para trabajar, algunos tenemos que pagar de nuestro bolsillo viajes o equipamiento informático". Y seguro que, al cabo de unos meses, alguien nos llama desde Moncloa y nos dice "Ya hemos empaquetado un poco de cada para cada uno".
Da igual que la función de un presidente no sea buscarle trabajo a personas en contrato, sino desarrollar y aplicar leyes para todos, que no sea misión de un presidente atender las necesidades de ancianas extremeñas (¿cuándo nos creeremos la descentralización local y autonómica en este país?). Está claro que las reclamaciones de quienes mantienen, en gran medida, en pie la investigación española costará que sean atendidas, porque no conocen los canales adecuados.